sábado, abril 03, 2010

¿Derechos humanos o un “sistema zurdo”?
La feroz y permanente campaña mediática, dirigida desde Estados Unidos en contra de la supuesta violación de los derechos humanos en Cuba, se ha recrudecido a través de las transnacionales de la desinformación, especialmente tras el inevitable fallecimiento de un preso común, quien se declaró en huelga de hambre para hacerle el juego a los grupúsculos contrarrevolucionarios y al vecino del norte que les paga por sus espúreos servicios.
Esta vez no pretendo referirme a las archiconocidas cifras de uno y otro lado, válidas para hacer comparaciones, porque como bien escribiera el compañero Fidel Castro Ruz en sus reflexiones acerca de la reforma sanitaria propuesta por Barack Obama y aprobada en Estados Unidos, luego de múltiples enmiendas, la misma excluye a millones de personas; mientras que en Cuba hace medio siglo que la salud es gratuita para todos, sin excepción.
Mi objetivo es reflejar, con un hecho para nosotros inconcebible a la luz de la realidad de la justa sociedad que hemos construido, cuál es la verdadera faz que, en materia de salud, prevaleció en Cuba hasta el primero de enero de 1959 y subsiste en la mayoría de los países capitalistas, fundamentalmente en los del esquilmado Tercer Mundo.
Un gran amigo mío, oriundo de mi querida ciudad de Las Tunas, Esmel Iglesias Almanza, me refirió una anécdota que ejemplifica, de manera escalofriante, el desprecio de la clase dominante por los seres humanos desheredados de la fortuna, condenados a morir por no disponer del dinero suficiente para enfrentar los embates de una enfermedad o someterse a una intervención quirúrgica de urgencia.
Cuenta Iglesias que en el mismo año que yo nací, 1942 y cuando él contaba tenía 10 de vida, recibía cinco pesos mensuales por cumplir las tareas diarias de mensajero, mozo de limpieza y lavador de pomos para el dispensario en la unidad de la Compañía Farmaceútica Domínguez, exactamente la que estaba ubicada en la esquina de las calles Ramón Ortuño y Vicente García.
Una de las actividades que recuerda Iglesias, era la de servir balones redondos de oxígeno solicitados para pacientes ingresados en el pequeño y casi insalubre hospitalito civil, ubicado en la calle Lico Cruz, cerca del paradero del ferrocarril central.
Cada vez que los dueños de la farmacia encomendaban al mensajero el traslado al hospital de uno de aquellos balones, la orden era clara y precisa: “Esto vale tres pesos y si no le pagan debe traerlo de regreso inmediatamente”. Si el paciente grave no tenía el dinero, no había oxígeno sin tomarse en cuenta que podía perder la vida.
Muchos integrantes de familias pobres que no tenían el dinero, les rogaron al niño Esmel Iglesias para que dejara el balón de oxígeno, mas él no podía incumplir la advertencia de los patrones; por eso recordaba, con amargura, cómo ante la gravedad de un ser humano, la posibilidad de que una vida se salvara, no se tenía en cuenta.
El salvajismo de un sistema deshumanizado queda al desnudo, cuando mi amigo asegura que lloraba a escondidas, porque al regresar a la farmacia con el balón lleno, este no podía ser devuelto al cilindro mayor y, entonces, en un acto que se me antoja criminal; el contenido se botaba.
¿Ese es el respeto a los derechos humanos que pretenden imponernos los “democráticos” capitalistas? Qué va, esos criminales procederes no tienen cabida en la acción de un pueblo libre y soberano, capaz de compartir lo poco que tiene con sus hermanos de todo el mundo, especialmente en la esfera de la salud.
¿Qué moral tienen Estados Unidos y sus testaferros, enriquecidos mediante el sudor y la sangre de millones de hombres de los llamados pueblos del sur, hacia los cuales no hacen más que exportar la miseria, las guerras genocidas y los deshechos contaminantes?
¡No y mil veces no! El sistema capitalista es, por esencia, zurdo en materia de derechos humanos. Su entraña criminal será puesta al descubierto por la realidad de Cuba y de otros países que luchan, sobre todo en América, para que impere la justicia y la igualdad; a pesar de sus amañadas y mentirosas campañas mediáticas.

viernes, abril 02, 2010

En Las Tunas 42 años atrás
Singular ensayo de la prensa en tiempo de guerra
La prensa revolucionaria en Las Tunas, nacida con El Trabajador el 17 de mayo de 1963, sufrió los embates propios de los problemas materiales, especialmente por la falta de insumos tan imprescindibles como el papel, lo cual motivó que no se editara periódico alguno durante los años 1965 y 1966.
En esos primeros años de la Revolución, caracterizados por la confrontación ideológica del pueblo con los representantes de la zaga de los vendepatrias que todavía permanecían en el país; la necesidad de un órgano de prensa capaz de reflejar la realidad del nuevo rumbo en nuestra sociedad, hizo que la dirección del Partido centrara sus esfuerzos en el objetivo de fundar el continuador de El Trabajador como órgano oficial de la entonces región Tunas-Puerto Padre.
Es así como el 18 de mayo de 1967, nace Mochas y Caña, nombre escogido por el Partido con el fin de estimular el trabajo de los hombres que hacían la zafra azucarera, fundamental actividad económica de aquellos tiempos en el país y específicamente en este territorio, verdadera potencia nacional, por contar con cuatro grandes colosos: Antonio Guiteras, Jesús Menéndez, Argelia Libre y Perú.
El nuevo exponente del periodismo tunero en la Revolución, tuvo de director a Rosano Zamora Padín (Gallo) y se editaba tres veces a la semana (martes, jueves y sábado), en la imprenta La Regional, de la ciudad de Puerto Padre, con formato tipo tabloide, cuatro páginas de igual número de columnas de 14 picas cada una, con dos colores (rojo y negro) solo en la portada y la última hoja.
Con más de un año de experiencia, el colectivo asumió el reto que significó el singular ensayo de cómo sería su funcionamiento en caso de una guerra, el cual se puso en práctica durante la Operación Victoria de Girón, desarrollada por la Defensa Civil del primero al 30 de abril de 1968.
Para cumplir su cometido, los talleres, el personal tipográfico y de redacción se trasladaron para un lugar denominado Manatí-1, en las cercanías del central Argelia Libre, sede del Estado Mayor de la Defensa Civil, donde se editó el periódico de forma guerrillera, bajo el nombre de Mochas y Fusiles e igual frecuencia de tres veces a la semana.
En correspondencia con el lenguaje militar, los periodistas e informadores voluntarios eran corresponsales de guerra y las noticias se transformaban en partes desde los diferentes frentes de combate (municipios y granjas), en los cuales se libraba la gran batalla en busca de una mayor producción azucarera.
Fue una experiencia inolvidable, de la cual fui protagonista como redactor del periódico y reportero de la emisora Radio Victoria, además de participar junto al resto del colectivo en “combates” una vez a la semana, mocha en mano para aportar desde los cañaverales al esfuerzo del pueblo tunero en pos de una zafra exitosa.
Desde aquella histórica para los trabajadores de la prensa tunera, siempre los periodistas de este oriental territorio, hemos estado presentes en las formaciones especiales organizadas para el cumplimiento de las tareas correspondientes a los ejercicios estratégicos organizados sistemáticamente por las Fuerzas Armadas Revolucionarias y la Defensa Civil con el objetivo de garantizar la exitosa Guerra de todo el Pueblo, si el enemigo se atreve a lanzar una agresión directa.

jueves, abril 01, 2010

Duelo por el título cubano de béisbol
Merecido triunfo de los Leones
Las Tunas, Cuba (Primero de abril).- Con derroche de entrega, de amor a la camiseta y de envidiable juego táctico, los Leones Azules de la capital, vencieron a Villa Clara 7 X 5 en el séptimo partido de la gran final tras 10 peleados capítulos, para ceñirse la corona de la Serie Nacional de béisbol número 49, contra todos los pronósticos.
Industriales, que había ganado su último título en la temporada 2005-2006, regresó al estadio Augusto César Sandino de Santa Clara, debajo en la pelea 2-3, pero supo reponerse y en el mismo escenario donde había caído dos veces en el inicio del duelo definitorio, igualó el martes y decidió anoche, para sumir en el desconsuelo a una afición local que, con este resultado, lleva 16 años esperando por un cetro nacional.
La tropa de Germán Mesa, en mi opinión, decidió a su favor desde el martes, porque las Naranjas locales jugaron muy mal tanto a la defensa desde el punto de vista físico, como en su desempeño táctico, lo cual les hizo perder una ventaja de cuatro carreras con un Robelio Carrillo inmenso en el box hasta el fatídico cuarto episodio, además de que los relevistas volvieron a fallar.
El partido de anoche colmó todas las expectativas. Industriales, con jonrones de Serguei Pérez, Alexander Mayeta y Rudy Reyes, igualó y amplió su ventaja a 5 X 2 a la altura del séptimo acto, luego de sacar del montículo al abridor Luis Borroto y al relevista Yasmani Hernández Romero.
Arley Sánchez, iniciador por los Azules volvió a trabajar bien frente a Villa Clara, pero en el octavo inning, ya con 113 lanzamientos, presentó síntomas de cansancio y provocó que Germán Mesa llamara al derecho Bryan Ruiz, quien no pudo evitar que Yandris Canto le botara la pelota por el jardín derecho con dos a bordo para que los locales empataran, sensacionalmente.
Alexei Chorot recibió la tarea de evitar que los anfitriones tomaran el mando. Sacó el segundo out, pero la dirección añil no quiso correr riesgos y llamó al jovencito zurdo de 19 años de edad, Joan Socarrás para trabajar ante Yuniet Flores y respondió de forma brillante a esa confianza, al retirarlo por la vía de los strikes.
La serenidad y valentía de un Socarrás que acaba de salir de las filas juveniles, garantizó que el choque se fuera hasta el décimo capítulo, porque dio escón de ponches en el noveno, cuando su equipo estaba contra la pared y Villa Clara amenazaba con dejarlo al campo.
Los Azules sacaron del box al relevista zurdo Misael Siverio en el principio del décimo tras marcar la ventaja por largo doblete de Stáyler Hernández que impulsó a Rudy Reyes y ampliaron frente a Yuliet López.
En lo que puede calificarse de la mejor actuación de su corta carrera, Joan Socarrás cerró con otro ponche a Yuniet Flores en el final del décimo capítulo, para convertirse en el héroe de esta brillante victoria que provocó una explosión de júbilo popular en la capital cubana.
Muchos títulos ha conseguido Industriales, pero este es el más dramático de todos, porque después de que, a duras penas, clasificó cuarto en la zona occidental, hizo derroche de coraje para sacar de la pelea a un Sancti Spíritus que fue el mejor de la etapa clasificatoria, a un Habana que pretendía retener la corona en su poder con un pitcheo de lujo y remató de manera espectacular a Villa Clara, el más estable y completo equipo de la zona oriental.
En cuanto a las Naranjas, que dejaron escapar el banderín cuando parecía en sus manos, debo exponer, con toda sinceridad, que no resistieron la presión de esta final, en la cual falló de forma absoluta, un jugador tan experimentado como Ariel Borrero y, sin ánimo de hacer leña del árbol caído, todavía no entiendo porqué Eduardo Martín, tras la expulsión de Ramón Lunar en el quinto encuentro; prefirió situar en la intermedia al joven Yandi Díaz, por encima del más curtido Yeniet Pérez.
Además, no sería honesto si dejara de plantear algo que, desde mi punto de vista, se mantiene como una gran injusticia, la cual debía rectificarse: Industriales, que no clasificó entre los ocho primeros equipos de la Serie, acaba de ceñirse la corona, amparado por una división en zonas que no existe, en el cual se juega un calendario regular de todos contra todos, con seis partidos frente a cada uno de los rivales.
Es un aspecto en el que he insistido en los últimos años y, al igual que otros colegas, alerté acerca de que podía ocurrir una situación como la de ahora: los azules terminaron en el noveno puesto de la tabla general de posiciones, con similar balance de victorias y derrotas que Las Tunas (47-43), igualaron a tres triunfos el compromiso particular entre ellos, pero los Leñadores debieron ser octavos porque los superaron en las carreras anotadas.
Semejante injusticia ha llegado a manifestarse en el hecho de que se reconoce a un campeón oriental y uno occidental con trofeos y todo, cuando en Cuba hay un solo torneo, con un calendario único, regido por igual reglamentación de una misma Liga. ¿Cómo puede haber un título en oriente y otro en occidente, si no celebran campeonatos independientes en esas regiones?
Estoy consciente de que, a raíz del inicio del período especial tras el derrumbe del campo socialista, por razones económicas hubo que dividir nuestra Serie Nacional en dos zonas y durante la etapa clasificatoria los ocho equipos del este jugaban solamente entre sí al igual que los de occidente para que los cuatro primeros de una y otra dirimieran los play off en busca de los dos finalistas; pero siempre bajo la égida de la Dirección de Béisbol, con un reglamento único.
Las condiciones no son las mismas, sin que hayan dejado de existir limitaciones económicas provocadas, sobre todo por el genocida bloqueo de los Estados Unidos; por lo tanto lo más justo es que desaparezca el concepto de zonas y clasifiquen para la postemporada los ocho primeros equipos de la tabla de posiciones, en correspondencia con el calendario regular de 90 partidos por el sistema de todos contra todos.
Aclaro que esta situación no demerita un ápice la labor de un equipo Industriales que no es responsable del sistema establecido por la Comisión Nacional de Béisbol. Creo que los leones ganaron en buena lid, reafirmaron la calidad de la pelota en la capital y, sin tener el trabuco de otros años, con el aporte de figuras muy jóvenes, bien utilizadas por Germán Mesa; merecen el reconocimiento no solo de su apasionada afición, sino de todo el país. ¡Felicidades campeones!