sábado, julio 29, 2006

Cómo vive mi familia hot

Hace unos días les ofrecí una panorámica de cómo vivía mi familia antes del triunfo de la Revolución Cubana, el primero de enero de 1959 y que era un reflejo fiel de la situación de miseria y abandono en que vivía la mayoría del pueblo en la Patria de José Martí, cuyas ideas de libertad e independencia, de una nación con todos y para el bien de todos, fueron traicionadas desde el yanqui Tomás Estrada Palma, hasta el sangriento dictador Fulgencio Batista Zaldívar.
Hoy toda mi familia, como todos los humildes de este Caimán Antillano, vive decorosamente; en viviendas que ni los llamados ricos tenían a su disposición. Mi mamá, con 83 años vive con mi única hermana en una casa con todas las comodidades; dos de mis hermanos, divorciados, comparten el cómodo apartamento de mis padres, cedido por la vieja unos años después del fallecimiento de mi papá en 1986 y enfrente del mismo, reside mi hermano menor. Otro de mis hermanos tiene su morada al lado de lo que fue el bohío urbano donde crecimos, en una construcción con la cual no habríamos podido ni soñar.
En mi caso, resido en el corazón de la ciudad de Las Tunas, en un área que pertenece al centro histórico. Tengo todas las condiciones y vivo tranquilo con mi familia pequeña, aunque en estos momentos ya solo quedamos en ella mi esposa y yo, porque mi hijo mayor, el cantautor Norge Luis Batista Albuerne, reside en un magnífico apartamento en el cuarto piso del edificio de 12 plantas que se yergue a la salida de la ciudad por el este. Ni otro vástago, el Doctor Noyde Emilio Batista Albuerne, Especialista de Primer Grado en Oncología, vive en la Ciudad de La Habana y tabaja en el hospital Hermanos Ameijeiras.
De aquellas desvencijadas casas de guano, tabla, yagua o paredes de cujes embarradas con fango; de los pisos de tierra y las letrinas, no quedan vestigios. Hoy los pobres de esta tierra con quienes José Martí decidió su suerte echar, tienen acueducto, alcantarillado y un programa bien elaborado dedicado a combatir los vectores, entre ellos el peligroso mosquito Aedes aegyptis, trasmisor del Dengue, erradicado casi por completo.
Si en mi niñez y adolescencia era muy difícil encontrar cuatro o cinco aparatos de radio de baterías porque no se contaba con luz eléctrica, hoy las familias humildes de este país, que es decir la inmensa mayoría viven como `personas, con televisor (ni soñar si no llega la Revolución), refrigerador, ventilados y otras comodidades del mundo moderno. Se acabó el hmabre, los limosneros, el analfabetismo, los niños limopiabotas y todo aquel cuadro horrible que se presentaba a los turistas con el irónico cartelito de “folklore”.
Qué va, amigos, lo que este pueblo ha obtenido con su esfuerzo, su inteligencia, con la formación de decenas de miles de médicos, ingenieros, arquitectos y científicos, no se lo va a quitar nadie de ninguna manera, ni con bloqueos, ni con amenazas de invasión. Los trasnochados de Miami y sus protectores de la Casa Blanca, encabezados por míster W no saben o no quieren saber de qué son capaces los cubanos de Cuba, los vedrdaderos herederos de Maceo y de Martí.
Junto a nuestro Comandante en Jefe, Fidel, este pueblo está preparado para que como dijera nuestro Héroe Nacional, ganar a pensamiento la guerra de pensamiento que se nos impone y como en las gloriosas arenas de Playa Girón, vencer en la contienda de las armas, inspirados en la frase del Titán de Bronce, Antonio Maceo, cuando aseguró Quien intente apoderarse de Cuba solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha.

domingo, julio 02, 2006

La justicia encarcelada

Por Gerardo González Quesada
Siempre que pienso en los Cinco compatriotas prisioneros en cárceles del imperio yanqui, en el soberano ejemplo de virtud, decoro, convicciones y desinterés personal de ellos, una fuerza superior me anima, el odio hacia el enemigo histórico crece y la voluntad socialista y fidelista se proyecta cual gigante de Siete Leguas.
Los Cinco sufren en carne propia la hostilidad del gobierno imperial hacia nuestro pueblo, sienten el regodeo de las injustas condenadas, las violaciones a las libertades civiles, a la propia Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica y la voracidad del terrorismo; pero al mismo tiempo esa justicia encarcelada que ellos representan muestra la incapacidad del gobierno del Norte para derrocar o debilitar a la Revolución Cubana.
Gerardo, René, Fernando, Ramón y Antonio dimensionan y legitiman las cualidades de honestidad y altruismo sembradas en los últimos 47 años, como expresión de una resistencia histórica sustentada en las profundas raíces antimperialistas, humanistas y solidarias del proceso revolucionario cubano.
Este viernes justamente conmemoramos el quinto aniversario de la primera tribuna Abierta de la Revolución por la liberación de los Cinco, realizada en el municipio del Cotorro en La Habana.
Allá se alzaron las voces de estudiantes, trabajadores, combatientes, profesionales e intelectuales para demandar la libertad de nuestros compatriotas encarcelados el fatídico 12 de septiembre de 1998, por combatir el terrorismo y sancionados amañadamente por la corte Federal de Miami.
Pero la prepotencia del imperio y la burocracia del sistema judicial norteamericano, siguen desconociendo el fallo del panel de tres jueces del XI Circuito de Atlanta que declaró nulo el juicio de Miami y las condenas impuestas y mantiene encerrados a los cinco luchadores antiterroristas cubanos, sin ningún argumento legal.
Un lustro pasó desde aquel 17 de junio de 2001, cuando Los Cinco enviaron el mensaje del pueblo norteamericano, en el cual expusieron las razones de su presencia dentro de la mafia anticubana radicada en Miami.
Por respuesta fueron llevados nuevamente al hueco el día 26, coincidiendo con la visita a la República Bananera, del Fiscal General de los Estados Unidos, para una reunión con líderes de la gusanera terrorista anticubana.
Nuestros hermanos volverán porque cada vez más en el mundo la verdad gana terreno y la mentira, la infamia y el soborno quedan al descubierto. Hoy suman más de 90 las naciones, donde una cifra superior a 135 comités de solidaridad levantan sus voces para exigir la libertad de Gerardo, René, Ramón, Fernando y Antonio.
Los hombres y mujeres que en el mundo claman justicia se preparan para la gran jornada internacional en favor de los Cinco y contra el terrorismo, prevista desde el 12 de septiembre y hasta el 6 de octubre, fecha esta última que marca la voladura en pleno vuelo de una avión de Cubana por el conocido terrorista Luis Posada Carriles.
Ocho años de injusta prisión no han logrado ni lograrán doblegar el carácter, el temple, el valor y la integridad de los Cinco Héroes cubanos y este pueblo y los mejores hombres y mujeres del mundo seguirán intensificando la lucha hasta lograr su excarcelación.

viernes, junio 23, 2006

¿Cómo vivía nuestra familia?

Retomo el tema de mi familia y paso a contarles en las condiciones en que vivíamos o más bien subsistíamos. Nuestra situación antes del triunfo de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959, se diferenciaba muy poco de la del resto de los humildes de esta Isla, la Mayor de las Antillas, bañada por las cálidas aguas del Mar Caribe, aunque su costa norte recibe los embates del inmenso Océano Atlántico.
Digo que se diferenciaba muy poco, porque realmente no era del todo igual, atendiendo al hecho de que mi padre era obrero ferroviario, algo así como un privilegio, como también lo era ser empleado de un ingenio azucarero, de un Banco o de las compañías eléctrica y telefónica, por ejemplo.
Pero como ya les he contado, mi padre tenía grandes responsabilidades con la casa de su progenitora y apoyaba económicamente también a dos de sus hermanas, a mi abuela materna y a otras personas del barrio cuyo modo de vida rayaba lo precario.
Como cientos de miles de familias cubanas, la nuestra vivía en uno de los llamados bohíos urbanos de la época: Una casa con paredes de tablas procedentes de las maderas más baratas, techo de guano y colgadizo o zaguán de zinc; que constaba de sala, comedor, cocina, una habitación amplia y una pequeña.
Así expresado pudiera considerarse una casa confortable para nuestra condición, pero debo agregar que no tenía piso, es decir que se fabricó en tierra limpia, solo se contaba con dos camas de hierro, una mesa y seis asientos, y un fogón para cocinar cuyo combustible era el carbón vegetal; nada de armario, alacena u otros muebles necesarios.
Nuestra humilde casa no tenía servicio de agua, como ninguna en la entonces pequeña ciudad de Victoria de Las Tunas. A falta de alcantarillado y lo mismo que la mayoría, se excavó un hueco en el fondo del patio que se convirtió en excusado o letrina; mientras en el otro extremo se construyó un pozo criollo, que, por suerte, nos ofreció un agua dulce y pura.
Tener casa no fue cosa fácil para mis padres, quienes deambularon agregados por las de mis abuelas paterna y materna, de una hermana del viejo y en dos o tres precarias viviendas alquiladas. Cuando tuvimos casa propia, el 29 de abril de 1947, el primogénito que era yo, estaba a punto de cumplir los cinco años y ya habían nacido, mi única hermana, Blanca Fe; Francisco José, el tercero y Luis Orlando, el cuarto que solo tenía 40 días de nacido.
Por supuesto, en la cama adicional a la del matrimonio, debíamos dormir los tres primeros hijos y el cuarto, prácticamente recién nacido en la correspondiente hamaca, confeccionada con sacos en los cuales se embasaba la harina de trigo o de Castilla, como se le decía y se le dice aún en buena parte de América.
Después nació Valentín Salvador, el quinto, quien pasó a la hamaca en tanto Luis Orlando fue a ocupar un espacio ¿? en la cama mencionada y ese mismo relevo ocurrió cuando vino al mundo el último de mis hermanos, Amado.
En nuestra casa no había servicio de electricidad, porque al entonces incipiente barrio de Casa Piedra no llegaban las líneas de la pequeña planta generadora que apenas alcanzaba para el centro de la ciudad.
De tal suerte, la luz que acompañaba nuestras noches, la producía un aparato de carburo, mucho más limpia y clara que la de los consabidos candiles o chismosas, como también se le llama con su molesta humareda y el tizne que se apoderaba desde nuestros propios rostros hasta la ropa colgada en el ya olvidado esquinero del cuarto.
Los seis hermanos llegamos a dormir apiñados en aquella inolvidable cama de hierro, hasta que, cuando cumplió 12 años, en 1956, el viejo pudo regalarle una cama personal de madera a mi hermana Blanca, quien se instaló en el cuarto pequeño del zaguán.
Desde bien pequeños, nuestro padre nos enseñó a que no se debía vivir para comer, pero que era necesario comer para vivir. Como nuestra economía era tan limitada por las razones que ya expliqué, quedaba poco o nada para vestir y calzar bien o para comprar muebles. Todos teníamos solo lo indispensable para ir a la escuela o para exponer en las visitas domingueras a las casas de otros miembros de la familia grande: bisabuelos, abuelos y tíos.
Así transcurrieron los primeros años de mi existencia, en una casa muy humilde, con muchísimas privaciones, pero alumbrado por el ejemplo de mis padres: honestos, solidarios, dispuestos siempre a darle la mano a cualquiera que lo necesitara, en la medida de sus posibilidades y, sobre todo, enemigos de la opresión y la injusticia. Ah, pero llegó la Revolución y todo cambió, aunque eso es tema de otra reflexión. Espérela..