martes, enero 12, 2016

Hasta siempre, querido maestro Ernesto Vera Méndez



Todavía no atino a recuperarme de tan duro golpe sentimental. Pasaron más de 72 horas y sigo consternado con la noticia: Falleció Ernesto Vera Méndez, maestro de periodistas, ejemplo de revolucionario consecuente, de fidelidad absoluta a sus principios, paradigma de ser humano.
Sabía que la muerte, ese acto tan natural que termina con todos los seres vivos, acechaba en contubernio con su avanzada edad y la más diabólica de las enfermedades, pero tenía la esperanza de que un hombre de las condiciones de Vera, siguiera alentándonos con su presencia física unos años más. Es por eso que la tristeza me embarga.
El Presidente de Honor de la Unión de Periodistas de Cuba ha sido un revolucionario consecuente desde que era prácticamente un adolescente y desde que abrazó el oficio de periodista, lo convirtió en arma de combate en la lucha centenaria por la independencia de Cuba, fiel a la prédica martiana de esencia antimperialista.
Lo conocí en el año 1966, cuando trabajaba en la preparación de lo que sería el II Congreso de la UPEC y yo era solo un  corresponsal obrero voluntario en la entonces región Tunas-Puerto Padre, de la provincia de Oriente. Desde aquel día supe que era un revolucionario cabal, lo que ratifiqué dos o tres meses después, al conocer su elección para Secretario General de la UPEC.
Ya como periodista profesional, a partir de enero de 1967 y como miembro del Ejecutivo Regional de la UPEC, mis relaciones con Vera se estrecharon, hasta rebasar los marcos institucionales y convertirse en una profunda y sincera amistad, basada en los objetivos comunes de nuestras vidas.
Durante casi medio siglo, Ernesto Vera fue un ejemplo de dedicación, de entrega absoluta  a la tarea de que el periodismo cubano fuera un bastión en la lucha ideológica, en la información, educación y la reafirmación de la conciencia revolucionaria del pueblo, con la verdad como premisa frente a las mentiras del enemigo sobre la realidad de nuestra Patria.
Trabajó incansablemente a favor de sus colegas periodistas, los defendió de las tendencias negativas impulsadas por quienes, en su momento, quisieron encubrir errores y los criticó cuando fueron superficiales en los análisis sobre temas cotidianos de una sociedad bloqueada, asediada por acciones terroristas, pero digna, valiente, capaz de defender con uñas y dientes la justicia conquistada.
Por las incansables gestiones de Vera, los periodistas cubanos elevaron su nivel profesional, se crearon las Facultades de Periodismo y la mayoría pudo alcanzar títulos universitarios, maestrías y doctorados. En su mandato de dos décadas se fortalecieron los lazos con las asociaciones de periodistas de los países socialistas, con la Organización Internacional (OIP) y con la Federación Latinoamericana (FELAP)
La fructífera labor de Ernesto Vera consolidó el prestigio del periodismo cubano, sirvió de ejemplo a dos generaciones de profesionales de la prensa de este país y a una hornada actual que, con ideas renovadoras y en concordancia con las realidades de su época, sigue manteniendo en alto las banderas de la fidelidad más absoluta a la sociedad que la educó en los principios de libertad, independencia y justicia.
Por eso Ernesto Vera deja un vacío grande. Es la pérdida de un guía, de un maestro, del padre que fuera para los periodistas cubanos. Sin embargo, me aferro a la concepción martiana de que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida. ¡Hasta siempre, hermano querido!