jueves, septiembre 08, 2011

Réquiem por los corresponsales víctimas de un accidente de tránsito hace 40 años

Desde 1971, hace cuatro décadas, el 8 de septiembre es y será una fecha luctuosa para el periodismo cubano, porque ese día perdieron la vida en un trágico accidente, cinco corresponsales voluntarios y un funcionario del Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR) del Partido, cuando viajaban desde Puerto Padre hacia Las Tunas.
El hecho, que conmovió a todo el pueblo de este territorio, ocurrió alrededor de las 7:00 de la noche en la curva del lugar conocido por El Roble, cerca del poblado de Vázquez, actual municipio de Puerto Padre, cuando un Zil-157, procedente de Las Tunas, arrolló virtualmente toda la baranda interior del camión Gaz-69 en el que viajaba la delegación de la Villa Azul al acto central del territorio por el Día Internacional del Periodista.
Según el testimonio de Herminio Reynaldo Reyes, secretario general de la UPEC en la región de Puerto Padre, quien viajaba en el vehículo, el impacto fue tan violento que provocó la muerte inmediata de los corresponsales Juan Moreno, Octaviano Velázquez, Raúl Zayas, Leoncio Pérez del Villar y Narcizo Velázquez, y del funcionario del DOR en “Jesús Menéndez” (Chaparra), Mariano López.
En la ciudad de Las Tunas, los periodistas y corresponsales nos preparábamos para recibir a los colegas de Puerto Padre y juntos rendir homenaje al combatiente antifascista checoeslovaco Julius Fucick, ejecutado por las hordas hitlerianas.
Reunidos en el cabaret Taíno, sede de la celebración, fuimos sacudidos por la inesperada noticia que causó conmoción en la sociedad tunera, con repercusión en todo el país. La tragedia marcó de manera sensible aquel Día Internacional del Periodista de triste recordación, especialmente para los informadores profesionales y voluntarios de este territorio oriental.
En memoria de las víctimas de aquella infausta noche, se erigió un obelisco en el cual se les rinde tributo cada 8 de septiembre, con la participación de periodistas, corresponsales, familiares, vecinos y el apoyo de las organizaciones de masas, encabezadas por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR)
El paso del tiempo ha hecho mella en la estructura del monumento y es por eso que la UPEC en Las Tunas se dispone a promover su restauración, en aras de que perdure como reconocimiento eterno a quienes fueron fieles exponentes del periodismo cubano de nuevo tipo, defensor a ultranza de las conquistas de la Revolución.

Más de un siglo de béisbol en Las Tunas

El béisbol en esta oriental provincia cubana es pasión. Hoy por hoy, es muy difícil que exista otra plaza en el país donde el público alcance el entusiasmo que muestra en los estadios de Las Tunas, principalmente en su instalación por excelencia, el estadio Julio Antonio Mella, con capacidad para albergar a unas 10 mil personas, aproximadamente.
En los últimos cinco años, sobre todo, los aficionados de este territorio, han tenido protagonismo en el apoyo a un equipo que lucha por alcanzar posiciones vanguardistas en la Serie Nacional de Béisbol y que, con su desempeño integral, hace honor a una tradición pelotera de más de un siglo.
No es casual que en el actual territorio de Las Tunas, provincia surgida con la nueva división político-administrativa aprobada por los cubanos en la Constitución Socialista de 1976; el béisbol, deporte nacional en la Isla, constituya la máxima atracción entre las manifestaciones de la cultura física.
Las raíces de esa afición se encuentran bien atrás en la historia, a partir de las primeras manifestaciones del juego de pelota, allá por los años de 1882 a 1887 en la actual capital de la provincia, ciudad fundada en 1796, hace ya más de dos siglos.
Según las investigaciones en esa lejana época, jóvenes de esta localidad que estudiaban en La Habana y conocieron del béisbol, se reunían a practicarlo rudimentariamente en un área existente entre las actuales calles Vicente García, Colón, Ramón Ortuño y 24 de Febrero; cerca del centro histórico.
En ese espacio se jugó pelota por vez primera en Las Tunas, pero la celebración de juegos en regla, organizados, no ocurrió hasta después de la intervención norteamericana en la guerra que libraban los cubanos por su independencia frente al coloniaje español.
Parte de un contingente de marinos yanquis que estaba acantonado en Holguín, fue enviado a la entonces ciudad de Victoria de Las Tunas y esas tropas fijaron campamento en la llamada Plaza Cristina, la cual abarcaba toda el área despoblada entre las actuales calles Ángel Guardia, Lucas Ortiz, Maceo y Adolfo Villamar.
Esos terrenos, parte de los cuales albergan al Parque Maceo, sirvieron para que, en sus momentos de ocio, los soldados imperialistas practicaran el béisbol luego de acondicionar lo que se considera el primer campo oficial en este territorio, a partir de abril de 1898.
Los partidos de pelota celebrados allí entre equipos organizados por los soldados interventores, se ajustaban a las reglas reconocidas de este deporte y poco a poco, los jóvenes de la localidad fueron tomando interés por la práctica del mismo, hasta formar las primeras novenas.
La pelota se convierte en deporte preferido de los tuneros y los campos para practicarla aparecieron en diferentes zonas de la ciudad. Ya en 1910 había varios equipos y el más famoso era el conocido como Los Negros Viejos, porque fue de los primeros y los continuadores, por ser más jóvenes, lo bautizaron con ese apelativo.
Entre las figuras más prominentes de aquel legendario equipo, se recuerda a Beto Ramírez, Virgilio Agüero, Emilio Iglesias, los hermanos Machado, Manuel “Perete” Martínez, Silvino Carballo y Paco Reyes.
En todo el territorio de lo que es hoy la provincia de Las Tunas, el auge del béisbol fue muy notable y por eso surgieron figuras que son paradigmas para las más jóvenes generaciones de peloteros, como Eleodoro “Yoyo” Díaz, de la ciudad de Puerto Padre, un extraordinario lanzador negro que, por su color, no pudo acceder a las llamadas Grandes Ligas de Estados Unidos.
Desde aquellos años, el béisbol en Las Tunas ha sido principal actividad deportiva. Siempre se contó con equipos de mucha calidad, entre ellos el que se considera su mejor exponente durante el período de la república mediatizada y cuya sede fue el estadio Vidal, en el reparto Santo Domingo, desde finales de la década del 30 hasta mediados de la del 40, del siglo 20.
En aquel conjunto hicieron época peloteros que después brillaron en el béisbol profesional cubano, como Cléveland “Chiflán” Clark, Manuel “Chino” Hidalgo, Manuel “Manolón” Ramírez y otros que nunca abandonaron el amateurismo: “Kike” Torres, Aquiles González, Augusto Licea, Armando Oms, Froilán “Lungo” Suárez y Juan Batista, con calidad suficiente para dar el salto a los circuitos rentados.
Durante los años 50 del siglo pasado la fuerza del béisbol de Las Tunas siempre fue reconocida y de sus filas surgieron jugadores que alcanzaron resultados destacados en circuitos menores de Estados Unidos y tres vistieron uniformes de equipos de Grandes Ligas.
Guillermo “Willy” Miranda, nació en Velazco, Holguín, el año 24 de mayo de 1926 y a los cuatro años la familia pasó a residir en las cercanías del Central Delicias (hoy Antonio Guiteras), de Puerto Padre. Allí su padre le regaló un guante y lo adiestró en el fildeo de roletazos, por lo que cuando, niño aún, pàso a residir en la capital, ya era un experto. Se dio a conocer como pelotero en 1940, cuando con 14 años de edad, integró de torpedero, el equipo juvenil del Parque Martí en La Habana, hasta que llegó al profesionalismo.
Miranda, para muchos el mejor para cortos en la historia del béisbol cubano, jugó para los Yanquis de Nueva York y otros equipos de la Gran Carpa, pese a que su average ofensivo era muy pobre. Su excelencia defensiva le permitió alcanzar ese privilegio.
Los otros dos jugadores de Las Tunas presentes en el Big Show fueron el lanzador Orlando Peña, quien militó en varios equipos, especialmente en los Rojos de Cincinatti en los años 60 del pasado siglo y el receptor Orlando de Jesús McFarlane, que militó en la nómina de los Tigres de Detroit.
Tras el triunfo revolucionario de 1959 y con el deporte como derecho del pueblo, creció la actividad de la cultura física en Las Tunas, especialmente el béisbol, con figuras descollantes en las primeras series nacionales y a partir de la temporada 1977-78, cuando comenzó a participar como equipo.
Muchos peloteros de esta oriental provincia brillaron en los diamantes del país y en la palestra internacional, en los torneos aficionados del mundo, también marcaron su impronta, herederos de aquellos primeros practicantes del deporte de las bolas y los strikes hace más de 100 años.
Los peloteros de esta provincia que han integrado equipos Cuba a las grandes competiciones amateurs, incluidos Campeonatos Mundiales, Juegos Olímpicos, Panamericanos, Centroamericanos y del Caribe y Universiadas, son los lanzadores Gregorio Pérez, Félix Núñez, Juan Carlos Pérez y José Miguel Báez; el inicialista Joan Carlos Pedroso; el torpedero Dánel Castro; los jardineros Santiago Scott, Abeisy Pantoja, Ermidelio Urrutia Quiroga y Osmani Urrutia Ramírez; este último recordista de bateo en el béisbol universal, incluido el profesional.
Con esa tradición y fuerza, con más de un siglo de historia, el béisbol de Las Tunas enfrentó la 46 Serie Nacional; en la cual hizo realidad la aspiración suprema de regalarle a su afición, la mejor del país, un boleto para la postemporada.
Una actuación de mucho mérito realizó el equipo en la etapa de cuartos de final, en la que cayó cerradamente en tres de los cinco juegos de la serie frente al reconocido plantel de Villa Clara, con lo que ratifica su potencialidad para luchar en igualdad de condiciones frente a los mejores.
La novena de Las Tunas clasificó a la postemporada en la Serie 47 y estuvo a punto de hacerlo en la 49. En la edición 50 no pudo acceder tampoco a los play off, pero se mantiene con posibilidades de seguir en el grupo de vanguardia de la pelota cubana.

martes, septiembre 06, 2011

La danza de los buitres

Sin un control total del país, pero envalentonados por el apoyo incondicional de las grandes potencias de occidente y de las fuerzas de la OTAN, los sublevados contra el gobierno legítimo de Libia, comenzaron a crear las condiciones para el “reparto del botín”.
Cuando los patriotas libios, leales a Muamar El Gadhafi, resisten en varios puntos del país, orientados por su líder, los traidores libios y sus oportunistas “aliados”, ya se disponen a saborear su parte de lo que se perfila como un muy dividido “pastel”.
Las fuerzas más siniestras y oscuras del mundo actual, se reunieron en la Ciudad Luz, -¡vaya paradoja!-, con el objetivo de “legalizar” cómo los opositores van a pagar por sus favores a las potencias de Europa y a Estados Unidos, verdaderos protagonistas mediante mercenarios y el empuje militar de la OTAN, de la terrible tragedia que vive hoy el noble pueblo libio.
El feliz anfitrión, Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, pero de origen húngaro, se vanaglorió sobre todo, del protagonismo de su gobierno y el del Reino Unido, en la “victoria” sobre el “régimen de terror”, encabezado por El Ghadafi, algo así como una advertencia a los representantes del denominado Consejo Nacional de Transición, acerca de la forma en que debe hacerse el “reparto”.
Llama la atención, aunque no es una sorpresa, que los delegados de la subversión interna en Libia, no olvidaron la parte del guión redactado por occidente, en la que se aclara que en las relaciones económicas a partir de ahora, quedan excluidos Rusia, China y Brasil, que no reconocieron ni reconocen al “Consejo”.
Estamos en presencia de la Danza de los buitres, aspirantes a tomar para sí la mayor tajada de las grandes riquezas del pueblo libio: Petróleo, oro y otros valiosos minerales y, especialmente, la inmensa reserva de agua dulce almacenada en su subsuelo.
Ah, pero es preciso decir que estos buitres occidentales no son como los convencionales, van a picar en grande, no son carroñeros como sus servidores que ya desde antes de ocupar Trípoli, estaban fajados por el poder y los despojos que pudieran dejarle aquellos autotitulados dueños del mundo.
El gran perdedor, por supuesto, es el pueblo libio, masacrado y testigo de la destrucción de su país que había alcanzado los mayores índices de toda África en su nivel de vida y avanzaba firmemente en el perfeccionamiento de un sistema social equitativo y justo.
Ante los ojos de las Naciones Unidas, cuyo Consejo de Seguridad es el promotor por excelencia de las guerras de rapiña, en franca violación de los principios de su cacareada Carta, otro pueblo del Tercer Mundo ve pisoteados sus derechos inalienables. ¿Cuál será el próximo país digno que intenten atacar los buitres: Siria, Irán…?
Pero, ¡ojo! En Libia no se ha dicho aún la última palabra, las tribus leales a El Ghadafi pelean fieramente. La guerra en el desierto puede ser muy larga y provocar el desgaste de las fuerzas invasoras, las cuales no están exentas de sufrir derrotas tan desmoralizantes como aquellas del colonialismo italiano, que tiñeron de sangre el indomable mar de arena.