miércoles, julio 25, 2012

Pese a victoria en Holanda, el béisbol cubano precisa de un profundo análisis

No me cabe la menor duda de que fue muy estimulante el triunfo cubano en la Semana Beisbolera de Haarlem, en Holanda, sin embargo, creo que la euforia no debe conducir al olvido de tantos problemas que se pusieron de manifiesto en el equipo que dirigió Víctor Mesa y que constituye el reflejo de una década perdedora en los eventos internacionales que llevó al tricolor hasta una nada agradable medalla de bronce en los últimos Juegos Panamericanos en Guadalajara, México.
No niego el mérito indiscutible de un equipo que supo sobreponerse a dos derrotas iniciales y a una llorada victoria ante China Taipei, ocupante del último puesto, pero no me puedo conformar con la misma sequía ofensiva que ha caracterizado a nuestras representaciones durante el siglo 21, con la única excepción de la campeona de los Juegos Olímpicos de Atenas-2004.
En algún momento se llegó a ponderar un supuesto resurgir del bateo cubano, cuando se noqueó a Japón con 12 carreras y 15 indiscutibles, sin que los archioptimistas se dieran cuenta que los nipones se aparecieron a Haarlem con una novena que nada tiene que ver, en ningún aspecto, con la pelota en la Tierra del Sol Naciente. En el resto de los partidos se combatió hasta salir airosos, pero sin  que los grandes bateadores de nuestras series nacionales pudieran refrendar en la práctica su potencialidad teórica.
El aplauso para Víctor Mesa, quien supo manejar sus peones de forma magistral, especialmente en el pitcheo, departamento en el cual debe destacarse la confianza depositada en los jóvenes Pablo Millán Fernández y el zurdo novato tunero Darién Núñez, quienes mostraron madera de campeones. En esta decisiva área solo debo expresar mi inconformidad con el mal hábito de ignorar la especialización y continuar la utilización de los abridores como relevistas.
En Holanda se mantuvo la ausencia ofensiva en los principales hombres de la alineación, la cual estuvo presente en los topes ante Nicaragua y el conjunto universitario de Estados Unidos. Tal y como ocurrió en la Copa Mundial de Panamá y los Panamericanos de Guadalajara en el pasado año, los grandes artilleros no fueron capaces de apoyar loables actuaciones de sus compañeros encaramados en la lomita del box.
¿Por qué se mantiene la sequía ofensiva cubana? En mi opinión la más evidente de las causas, aunque hay otras, es que nuestro béisbol no puede quedarse en la Serie Nacional, es preciso elevar el techo, rescatar un torneo élite que, como la Selectiva, concentre la calidad y permita a los bateadores de aquí no ser sorprendidos por un pitcheo con mucho más oficio que el de la mayoría de los serpentineros en nuestro actual campeonato.
Soy de los que siempre defiende y defenderá la Serie Nacional, esa en la que todos los territorios estén representados y que, estoy seguro, es una envidiable cantera para promover talentos; pero si hay problemas de extensión de la campaña o de índole económico, se puede reducir la cantidad de juegos y después, con los mejores por su rendimiento y en algunos casos por su  trayectoria, formar cuatro o seis novenas en las cuales se concentre la calidad y desarrollar un evento en el que se pueda conocer, realmente, la capacidad de los bateadores, porque en este momento, la desaforada ofensiva de nuestro clásico doméstico es un espejismo.
Después de 14 años de espera se ganó la Semana Beisbolera de Haarlem, en Holanda, pero con un comportamiento como el visto será muy difícil obtener un buen resultado en el III Clásico Mundial cuando restan unos pocos meses. Pienso que lo más racional ahora es que la Comisión Técnica analice, concienzudamente, la realidad actual de cada integrante de la preselección y trabajar fuertemente en las dificultades que, aunque parezca exagerado, nos están lastrando desde hace más de una década.
Estoy convencido de que existe el material humano para realizar una actuación tan exitosa como la del Primer Clásico, pero hay que perfeccionar su quehacer, eliminar las debilidades que están a la vista de todos y, especialmente, buscar fogueo contra selecciones de la más alta calidad, probar fuerzas con aquellas en las reconocemos cierta paridad y frente a las que teóricamente nos superan. Esa es, pienso yo, la única manera de retomar la hegemonía en los eventos convocados por la Federación Internacional de Béisbol (IBAAF)

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